MARCELO FAGIANO: “MI PALABRA SE COMPLETA CUANDO ENTRA EN DIÁLOGO”

Hablamos con el poeta antes de la presentación de su nuevo libro. Por Roque Guzmán.

En espera del encuentro del Café Literario “Mentiras que valen la pena” (el segundo de 2026), dialogamos con el poeta, narrador y dramaturgo Marcelo Fagiano. Este sábado 11 de abril a las 18 hs, en Coronados (Entre Ríos 1402), estará presentando su último libro de poesía: “Diario de una androide”.

En el evento, la autora local Griselda Rulfo dará a conocer su libro: “Ruta 80”. El acompañamiento musical estará a cargo de Clara Muñoslongo y Francisco Valvasori. Además, Agostina Berrotarán y Julieta León, alumnas del Centro de Educación por el Arte, del Estudio de Danza Raúl Oliva, llevarán adelante su performance.

Diario de una androide” es una edición conjunta de Editorial Cartografía (Río Cuarto) y Ediciones La Yunta (Buenos Aires). Una modalidad que permite expandir, compartir y que los textos lleguen a un número mayor de lectores. Mediante textos que simulan ser producidos por un ser sintético, nos introduce en una humanidad que enactúa desde la sensibilidad humana que la androide puede adquirir.

¿Cómo nace esta propuesta literaria poética: “Diario de una androide”?
Es un libro que tiene una poética que está basada en una narración. Es decir que, sería una narración poética de aproximadamente 20 poemas. Narra poéticamente una distopía, en donde la especie humana ha colapsado, ha desaparecido; una de las tantas posibilidades que tenemos en el tablero de la realidad. En esa situación, las máquinas que el mismo ser humano ha creado son, precisamente, androides, autómatas que se perciben femeninas. A la vez, tienen en sus algoritmos guardadas todas las poesías escritas por mujeres.  Entonces, a través de la lectura automática que van realizando de esas poetas, adquieren sensibilidad humana. Y esa sensibilidad las lleva a pensar que tienen que refundar la especie humana nuevamente. Y para eso, tienen que limpiar el planeta que está muy contaminado, y lo tienen que volver a un punto de recuperación ecológica. 

Un gran trabajo para las androides…
Como son científicas, son técnicas, porque han sido creadas por la especie humana, tienen todas las herramientas para hacer en sus laboratorios un grupo grande de mujeres con la simiente sexuada en sus vientres, que las van a depositar en algún determinado momento en ese planeta limpio. Pero le borran de la memoria prácticamente todo lo que ha sido la cultura humana, para no volver a caer en algunos errores. Lo único que le dejan esos androides, a esos futuros humanos, es la capacidad imaginar, pero van a tener vedada la posibilidad de saber de dónde vienen, quién las hizo, porque están ahí, que tienen que hacer… nosotros, en definitiva.

¿Pero además de reconstruir al mundo, escriben?
También escriben las androides. La parte central del libro es un capítulo que se llama “escritura automática” y las androides ensayan escrituras poéticas. Poemas, algunos más cortos, otros más largos. Otra de las características es que la androide que va narrando la historia toma el nombre de Alejandra Pizarnik, se llama ella Alejandra. Dentro de todas las poetas que ha leído, una de las poetas que le ha cautivado es ella. Junto a miles de otras androides, que han adquirido sensibilidad humana a través de la poesía. Al momento que van diciendo y escribiendo esos poemas, esa voz mecánica de androide se va borrando en el éter, va de desapareciendo. Lo dicen, y desaparece. Dentro de los libros que he publicado, no es una recopilación de textos escritos en diferentes momentos, diferentes circunstancias, sino que es exclusivamente para esta obra. Casi que tenía la idea para hacer un cuento, un relato largo. Me propuse ver si lo podía trabajar poéticamente y salió un diario de una androide.

Teniendo en cuenta la evolución de la masividad de la Inteligencia Artificial, de 2022 en adelante, tu obra nos habla de la adquisición de sensibilidad humana por parte de la tecnología ¿Cómo ves la relación de la humanidad con la IA?
Más allá de la ficción, creo que hay una cuestión clave que está en lo emotivo y en lo sensible, en lo sensitivo. Tendría que seguir evolucionando esa inteligencia artificial, en algo que aparte de pensar con los datos que tienen incorporado, que es lo que nosotros hacemos, nosotros pensamos, con los datos que tenemos cargado en nuestras neuronas, nuestro disco rígido del cerebro, y pensamos a partir de cómo ha sido cargado ese cerebro. Pero a la vez tenemos una cantidad de sensibilidad, que es la sensibilidad humana, como puede ser también la sensibilidad de una planta o de cualquier otro ser vivo del planeta; emular esa sensibilidad, puede estar cerca de ser imposible. 

Arte desde la IA…
Creo que hay un filtro en el arte de los sensible que transforma la materia en algo que moviliza algo internamente. También, podrías decirme que miras una imagen que ha hecho la inteligencia artificial y también te genera una respuesta emotiva. Entonces, ahí entramos en un campo difícil de discernir, ¿cuál sería el alcance? Para el humano, creo que tendríamos que tener unos cuidados en el aprendizaje, cómo trabajarla, cómo hacerla, es decir, cómo utilizarla. ¿Es peligroso sumergirse en la inteligencia artificial? Creo que no, solamente hay que tener un determinado criterio, es decir, una conciencia crítica y eso se logra, yo creo, con la experiencia y educación.

¿Cómo ves el panorama actual para la Literatura?
Creo que hay una posibilidad, en el sentido de que tal vez en una pequeña medida se ha democratizado bastante el hecho de que se piense que cualquier persona, cualquier ser humano, cualquier sujeto, puede ejercitar una actividad artística. Es decir, que no está eso como un designio de elite o como un designo de algún elegido. Te hablo de Argentina, particularmente en Córdoba. En Río Cuarto, inclusive, con los adultos mayores. Llamados así, adultos grandes, no sé si es la palabras más apropiada. Luego de procesos eternos laborales que han tenido, hay muchos talleres y espacios en donde se ponen a practicar y trabajar con determinadas herramientas artísticas. El Conde de Lautréamont decía que el arte debe ser hecho por todos. Las clases populares, la gente que tuviera oficios, no es porque no le guste el teatro, o la cultura, sino porque no se han dando las oportunidades para que el conjunto de la sociedad tenga acceso a un montón de… yo les llamaría, riquezas de la cultura. Y tiene que ver con la habilitación de derechos.

Y particularmente, en la literatura…
En la escritura se ha multiplicado muchísimo. Hay mucha gente que ensaya escritura, que produce. Y eso es, yo creo, es muy importante. La construcción de una obra literaria te puede llevar toda una vida. Pero bueno, yo creo que son momentos. Ahora tenemos un momento de retroceso total, un momento donde la cultura argentina, en general, está muy azotada, más allá de todas las problemáticas. Digo “Glaciares” o “hielo” y se me hiela la piel, al pensar que estamos tratando ese tipo de temas y tratando de cambiar leyes que no van a proteger el ambiente. Es un momento socio-político, muy complejo para Argentina. Ni hablar del mundo, como estamos, actualmente con las guerras. 

¿Dónde queda el papel del arte?
Creo que el arte tiene que tener otras funciones. Es decir, no es un hobby, el ser humano está involucrado en un proceso de creación y la creación es renovación y no es adorno. El arte no es adorno, sino parte consustancial de la evolución del hombre. El hombre en el sentido, hombre-mujer, de la mujer y del hombre. Hablamos siempre del homo sapiens y no de la mulier sapiens y se supone que estaban juntos.

¿Por qué el público debe leer “Diario de una androide”?
La lectura y la escritura están, para mí, magnetizadas como si fueran imanes que constantemente se atraen. Todo artista quiere ser leído, todo artista quiere ser escuchado. Si haces una película, lo mejor que te puede pasar, es que tenga la sala llena. Entonces, mi palabra no es que vale más que otras, vale lo mismo que la tuya, que la de cualquier otro poeta o escritor, pero se completa cuando entra en diálogo. Y sea a través de la escucha, sea a través de la lectura. Cuando alguien este leyendo Diario de una androide está completando y entrando en diálogo y al entrar en diálogo, se empiezan a establecer conexiones y aprendizajes que no se dan en soledad. Leer para interactuar y sentirnos que formamos parte de una de una corriente que está en constante construcción. En una construcción que a veces se desarma, son puentes que a veces colapsan como puede estar pasando en este momento en Argentina, desde mi pensamiento. Creo que estamos en un momento en el que tratar de mantener todos esos puentes dentro de la cultura es lo que puede evitar que no se rompa del todo el tejido social, que lo más importante que como sociedad.

Nota por: Roque Guzmán.