LEY DE FINANCIAMIENTO UNIVERSITARIO: EL PEDIDO VUELVE A LAS CALLES

Nota por Ignacio Silva.

Docentes, nodocentes, estudiantes y la comunidad en general volverán a marchar el jueves 15 de octubre para pedir el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario.

Una docente universitaria llega a su casa cansada después de dar clases y deja su mochila sobre una silla. Antes de preparar la cena, abre la aplicación del banco y repasa los gastos del mes. El alquiler, los servicios, la comida, el transporte. Hace cuentas, posterga alguna compra por la que viene ahorrando hace tiempo y calcula cuánto puede estirar su plata hasta el próximo sueldo. Al día siguiente tendrá que volver al aula como todos los días, preparar una clase, corregir trabajos y parciales y acompañar a sus estudiantes. Por unas horas, sin embargo, el problema no será cómo enseñar, sino cómo llegar a fin de mes.

La escena es ficticia, pero esta preocupación atraviesa a gran parte de los trabajadores universitarios argentinos. La pérdida del poder adquisitivo, la falta de recomposición salarial y la incertidumbre presupuestaria forman parte de un conflicto que lleva meses sin encontrar una solución. El jueves 15 de octubre, a partir de las 17:30 hs, esa preocupación volverá a personificarse en las calles de Villa María y de diferentes punto al rededor del país, en una nueva Marcha Federal Universitaria que reclamará el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario.

La movilización reunirá a integrantes de la Universidad Nacional de Villa María (UNVM), la Facultad Regional de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y distintos sectores de la comunidad en general. Aunque las demandas inmediatas se relacionan con los salarios y los recursos para el funcionamiento de las instituciones, el reclamo también pone en discusión algo más difícil de medir: las condiciones necesarias para que la educación pública siga siendo una posibilidad concreta para miles de personas.

El lugar de concentración será en la sede del Rectorado de la UNVM (Entre Ríos 1431) para luego marchar hasta la Plaza Centenario.

Una ley que todavía espera respuestas

El conflicto tiene un antecedente central en la Ley 27.795, sancionada por el Congreso en 2025. La norma fue vetada por el presidente Javier Milei, pero ambas cámaras legislativas insistieron con su aprobación por los dos tercios de los votos requeridos. Pese a ese recorrido parlamentario, su aplicación quedó atravesada por decisiones del Poder Ejecutivo y una disputa judicial que continúa abierta.

La legislación establece mecanismos para actualizar los gastos de funcionamiento de las universidades nacionales, recomponer los salarios docentes y nodocentes y garantizar recursos para las becas estudiantiles, entre otras medidas. Su propósito es responder a las necesidades de un sistema que requiere fondos para sostener las actividades académicas, la investigación y la infraestructura.

En octubre de 2026, la controversia sumó un nuevo capítulo. El juez federal Martín Cormick declaró inconstitucional el mecanismo del Decreto 759/2025 que condicionaba la aplicación de la norma y ordenó al Gobierno cumplir con sus disposiciones. El Ejecutivo apeló la resolución y el recurso fue concedido para su revisión por la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo Federal. La situación judicial, por lo tanto, exige distinguir entre la sentencia apelada y las obligaciones alcanzadas por la medida cautelar que continúa vigente.

Aunque los expedientes avancen, las necesidades de las instituciones no se detienen. Los salarios deben pagarse cada mes, los edificios necesitan mantenimiento y las actividades de enseñanza e investigación requieren recursos para poder continuar.

Cuando el ajuste llega a la mesa

Según estimaciones del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), las universidades necesitarían alrededor de 11 billones de pesos para funcionar durante 2027, mientras que el proyecto de Presupuesto Nacional presentado por el Gobierno contempla aproximadamente 7,3 billones. La diferencia vuelve a generar preocupación entre las autoridades académicas por la capacidad de sostener las actividades del próximo año.

A esto se suma el deterioro de los ingresos de docentes y nodocentes. Cuando los aumentos salariales quedan por detrás de la inflación, el dinero alcanza para menos y las decisiones cotidianas empiezan a organizarse alrededor de las privaciones. Una salida que se cancela, una compra que se posterga o una cuenta que se paga más tarde pueden parecer situaciones menores, pero adquieren otro significado cuando se acumulan mes tras mes.

En la universidad, además, el salario no es un asunto aislado del funcionamiento institucional. Las dificultades económicas pueden afectar la permanencia de profesionales, la continuidad de equipos de investigación y la posibilidad de dedicar tiempo suficiente a la preparación de clases.

Mientras que los estudiantes deben afrontar gastos de transporte, alimentación, alquiler y materiales de estudio, las instituciones necesitan equipamiento, infraestructura y recursos para sus proyectos. Las dificultades se distribuyen entre quienes trabajan, quienes estudian y quienes intentan sostener sus carreras en un contexto económico adverso.

Una discusión que también pertenece a la ciudad

En Villa María, las consecuencias de este escenario alcanzan a dos instituciones con un papel importante en la formación profesional y el desarrollo regional. La UNVM y la UTN producen conocimiento, desarrollan investigaciones y mantienen vínculos con distintos sectores de la comunidad. Su actividad contribuye a la innovación tecnológica, la producción y la formación de trabajadores para diferentes áreas.

Para muchos jóvenes, acceder a una carrera universitaria representa la posibilidad de construir un futuro diferente al de su entorno de origen y permitir el ascenso social. La gratuidad permite ingresar sin afrontar los costos de una institución privada, pero no elimina los obstáculos que aparecen durante el recorrido. Permanecer y graduarse también depende de contar con tiempo, recursos y condiciones materiales que hagan posible estudiar.

Lo que está en discusión es la capacidad de sostener una estructura que ofrece formación profesional, desarrolla conocimiento y amplía las oportunidades educativas. Si esas condiciones se deterioran, el impacto alcanza a toda la comunidad, incluso a quienes nunca fueron a una universidad.

El salario de esa docente que no llega a fin de mes forma parte de un presupuesto nacional, pero también de una red de relaciones que permiten que una institución abra sus puertas, que un estudiante encuentre un profesor y que una investigación pueda continuar. Cuando los recursos dejan de alcanzar, cada una de esas posibilidades quedan en la incertidumbre.

Marchar para que las cuentas no las paguen siempre los mismos

La convocatoria del jueves 15 de octubre llega después de meses de movilizaciones, medidas de fuerza y reclamos judiciales. A la exigencia de cumplir la Ley de Financiamiento Universitario se suma la discusión por las partidas del próximo año, que anticipa que el conflicto seguirá presente en la agenda política.

Marchar es una manera de hacer visible esa distancia entre las decisiones tomadas en los despachos y sus consecuencias en la vida cotidiana. También es una forma de recordar que detrás de cada cifra hay personas que trabajan, estudian y organizan sus proyectos alrededor de una institución que necesita condiciones adecuadas para funcionar.

La educación pública suele defenderse a partir de sus principios: la igualdad de oportunidades, el acceso al conocimiento, la formación profesional y el desarrollo científico. Pero esos principios requieren recursos.

La docente volverá a preparar su clase. Probablemente revise los trabajos de sus estudiantes, ordene sus apuntes y se siente frente a una computadora para planificar la jornada siguiente. Su vocación seguirá allí, aunque las cuentas continúen sin cerrar. Lo que no debería naturalizarse es que el funcionamiento de la universidad dependa del esfuerzo individual de quienes intentan sostenerla pese a las dificultades.

El jueves, Villa María y el país volverá a sumarse a un reclamo con una ley aprobada y una disputa judicial abierta. Defender la universidad pública significa defender las condiciones de quienes la construyen todos los días y las oportunidades de quienes todavía esperan encontrar allí su futuro. Y ninguna vocación, por profunda que sea, debería tener que pagar sola una cuenta que le corresponde a toda la sociedad.

Nota por: Ignacio Silva.