HOY NO ES SIEMPRE: CLAVES PARA PENSAR LA PREVENCIÓN DEL SUICIDIO
Hablamos con la psicóloga e integrante del Programa Provincial de Prevención del Suicidio de Córdoba, Cecilia Re, sobre cómo actuar y ayudar cuando alguien se encuentra en una situación de crisis personal.
Hablar de prevención del suicidio supone mucho más que pensar en qué hacer frente a una situación de crisis. También implica preguntarnos qué lugar ocupamos como comunidad frente al sufrimiento de otra persona, qué señales somos capaces de reconocer y, sobre todo, qué hacemos cuando advertimos que alguien cercano no está pasando por un buen momento.
En el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora cada 10 de septiembre, desde Revista WAM recuperamos parte de la conversación que mantuvimos con Carolina Re, Lic. en Psicología e integrante del Programa Provincial de Prevención del Suicidio de Córdoba. La entrevista fue realizada para la tercera temporada del podcast Trabajo Joven y Salud Mental y permitió abordar diferentes aspectos vinculados con la prevención, el acompañamiento y las formas responsables de hablar sobre suicidio.
Uno de los conceptos centrales que plantea Re es el de co-responsabilidad. La prevención, explica, no corresponde únicamente al sistema de salud ni a los profesionales especializados. También involucra a la comunidad y a los vínculos cotidianos: familiares, amigos, docentes, compañeros de trabajo y todas aquellas personas que pueden advertir que algo está cambiando.
Prevenir, en ese sentido, puede comenzar con acciones sencillas: prestar atención, preguntar, escuchar, acercarse y buscar ayuda cuando sea necesario.
Abrir la conversación
Uno de los principales obstáculos para hablar sobre suicidio son los mitos que todavía existen alrededor del tema. Entre ellos aparece la idea de que preguntarle directamente a una persona si está pensando en quitarse la vida puede generar o instalar esa posibilidad.
Para Re, sucede lo contrario. Abrir un espacio de conversación permite que una persona pueda poner en palabras aquello que está atravesando y, muchas veces, encontrar alivio en esa posibilidad de ser escuchada.
La especialista también destaca la importancia de la validación, entendida como la capacidad de reconocer lo que otra persona está sintiendo y poder comunicárselo. Validar no significa necesariamente estar de acuerdo ni encontrar una solución inmediata: significa reconocer que ese sufrimiento existe y que merece ser escuchado.
Por eso, frente a alguien que atraviesa una situación de crisis, el reto, el enojo, la negación o la minimización pueden cerrar la conversación en lugar de abrirla. Escuchar y tratar de comprender lo que está pasando puede ser el primer paso para pensar qué tipo de acompañamiento necesita esa persona.
Reconocer los cambios
No existe una única señal que permita determinar que alguien está atravesando una situación de riesgo. Sin embargo, hay determinados cambios que pueden llamar nuestra atención.
El aislamiento, modificaciones importantes en la conducta, alteraciones en el sueño, el descuido repentino del propio cuerpo, regalar pertenencias o cerrar asuntos pendientes son algunos de los comportamientos que pueden aparecer. También pueden presentarse expresiones de desesperanza, comentarios vinculados con sentirse una carga para los demás o referencias a la muerte.
Ninguna de estas señales, tomada de manera aislada, permite establecer por sí misma qué está ocurriendo. Pero sí puede constituir un motivo para acercarse, preguntar y buscar orientación.
Una situación de crisis no define una vida
Carolina también plantea la necesidad de ampliar la mirada sobre las conductas suicidas. No se trata únicamente de hablar de una muerte por suicidio: pueden manifestarse a través de pensamientos, intentos u otras conductas que ponen a una persona en riesgo.
En muchas situaciones de crisis, explica la especialista, el sufrimiento puede llevar a que la persona no encuentre herramientas para resolver de manera efectiva aquello que está atravesando. La muerte puede aparecer entonces asociada a la idea de terminar con ese sufrimiento.
Desde la prevención, uno de los objetivos es justamente acompañar a la persona en la búsqueda de otras herramientas y otras maneras de afrontar el problema puntual que está atravesando.
En este sentido, hay una idea que atraviesa toda la conversación: una crisis es un momento y no necesariamente define todo lo que viene después.
La propia Re aclara que prevención no es sinónimo de evitación. No todas las situaciones pueden evitarse, pero eso no significa que no haya nada por hacer.
La prevención necesita redes
El trabajo del Programa Provincial de Prevención del Suicidio se desarrolla en distintos niveles. La prevención primaria incluye capacitaciones para la identificación de señales y herramientas para intervenir frente a estas situaciones, destinadas tanto a trabajadores de la salud como a la comunidad.
En el nivel asistencial se trabaja con espacios terapéuticos individuales y grupales y, cuando es necesario, con acompañamiento psiquiátrico. La familia también ocupa un lugar importante: acompañar a una persona que atraviesa una situación de sufrimiento requiere herramientas y apoyo para quienes están cerca.
La prevención también continúa después de una pérdida. En ese marco, el programa creó Zona Segura, un espacio presencial de acompañamiento al duelo por suicidio destinado a familiares y personas allegadas que atravesaron esta experiencia.
La mirada integral del programa parte de entender que no existe una única respuesta para situaciones complejas y multicausales. El contexto social, cultural y económico también interviene, al igual que diferentes factores de riesgo y protección.
También importa cómo comunicamos
La prevención no ocurre solamente en los espacios de atención o en los vínculos personales. También se juega en la manera en que la sociedad habla públicamente sobre el suicidio.
Para Re, los medios de comunicación tienen una responsabilidad importante en este sentido. La especialista señala dos valores fundamentales: responsabilidad y sensibilidad.
Eso implica evitar la difusión de métodos utilizados, resguardar la privacidad de las personas y tener presente que familiares y allegados pueden encontrarse con esas informaciones en un momento de profundo dolor.
Pero comunicar responsablemente también supone poner a disposición información sobre espacios de asistencia y acompañamiento y contribuir a reforzar factores de protección.
Hablar sobre suicidio es posible y necesario. La cuestión es cómo hacerlo.
El pedido de ayuda también necesita un cambio cultural
Durante la entrevista, Carolina también señala una diferencia en relación con el pedido de ayuda. La mayoría de las personas que consultan individualmente en el programa son mujeres, algo que la especialista vincula con el hecho de que socialmente el pedido de ayuda suele estar más aceptado entre ellas.
En los varones, en cambio, todavía persisten mandatos que pueden desalentar la expresión del malestar y la búsqueda de acompañamiento. La especialista señala que esto constituye un aspecto relevante a la hora de pensar la prevención, especialmente porque los varones presentan una mayor proporción de muertes por suicidio.
Pensar la prevención, entonces, también implica revisar qué mensajes construimos alrededor de la vulnerabilidad, el pedido de ayuda y la posibilidad de mostrar que algo no está bien.
Una conversación que continúa
Las ideas reunidas en esta nota forman parte de una entrevista realizada a Carolina Re para la tercera temporada de Trabajo Joven y Salud Mental, el podcast del Proyecto de Extensión Comunicación para el Bienestar Integral, que aborda distintas dimensiones vinculadas con el bienestar y la vida cotidiana de las juventudes.
El episodio completo, en el que la especialista profundiza sobre prevención, señales de alerta, acompañamiento, pedido de ayuda y comunicación responsable, se estrenará próximamente.
Mientras tanto, el Programa Provincial de Prevención del Suicidio de Córdoba dispone de canales de contacto para quienes necesiten orientación:
📲 Instagram: @prevencionalsuicidiocba
En una fecha que invita a hablar sobre prevención, quizás una de las ideas más importantes sea también una de las más sencillas: lo que duele hoy no tiene por qué doler para siempre. Y frente al sufrimiento, hablar, escuchar, acompañar y pedir ayuda pueden abrir un espacio para que algo cambie.



