“ENTIENDO AL DESNUDO COMO UN GESTO DE RESISTENCIA CULTURAL”

Entrevista a Lihuen Peirone, sobre "Big Bang Proyect" su proyecto de fotografía de desnudo.

En la escena artística independiente de Villa María viene gestándose, desde 2019, un proyecto que utiliza la fotografía de desnudo como herramienta expresiva, política y sensible. Se trata de Big Bang Project, una propuesta colectiva impulsada por el fotógrafo y artista Lihuen Peirone, que propone repensar el cuerpo por fuera de los estereotipos, la mirada pornográfica y las lógicas de consumo visual que dominan las redes sociales.

Nacido como una necesidad creativa tras sus experiencias en el campo audiovisual, Big Bang fue construyéndose a partir de producciones colaborativas que reúnen a fotógrafos/as, performers y artistas de distintas disciplinas, con una fuerte apuesta por la dirección de arte y la construcción de imágenes cargadas de sentido. En cada sesión, el desnudo aparece no como provocación estética, sino como un lenguaje honesto para hablar de identidad, diversidad, belleza real y resistencia cultural.

En esta entrevista, Lihuen recorre los orígenes del proyecto, reflexiona sobre el cuerpo como territorio político y poético, cuenta cómo se gestan las producciones, cómo dialogan con la censura digital y qué impacto generan las imágenes en quienes las observan. Una conversación que invita a mirar, y pensarnos, desde otro lugar.

¿Cómo nació Big Bang Project y en qué momento sentiste que el desnudo iba a ser el lenguaje central del proyecto?
Big Bang Project nace como una necesidad artística, ideológica y humana. Luego de culminar el proyecto Bicicleta Audiovisual y de formar Alejandria RAM como productora audiovisual en la ciudad de Villa María, surgió el deseo de crear un espacio totalmente libre, donde el arte pudiera pensarse sin concesiones y desde lo colectivo.

Los primeros experimentos comenzaron a principios de 2019, en las sierras de Córdoba, en las afueras de San Marcos Sierras. El desnudo apareció desde el inicio como un desafío: uno de los lenguajes más complejos de abordar y de compartir. Pero a medida que el proyecto fue creciendo, y gracias al trabajo junto a fotógrafes como Juan Calvo, Nico Giarmana y Estefanía Belfanti, entendimos que el cuerpo desnudo era el canal más honesto para hablar de belleza, identidad y trascendencia.

¿Qué simboliza para vos ese “Big Bang” en relación al cuerpo y a la imagen?
El Big Bang simboliza una explosión inicial, una expansión. Cada cuerpo, al despojarse de construcciones sociales, vuelve a un estado de origen. El cuerpo desnudo es ese punto cero desde el cual todo puede volver a pensarse.

En un mundo atravesado por lo pornográfico y el consumo de imágenes, Big Bang propone una pausa: una imagen que no se consume, sino que se habita. Una explosión sensorial y también ideológica.

¿Qué buscás provocar o poner en discusión cada vez que publican una nueva producción?
Buscamos abrir preguntas. Cuestionar los estereotipos de belleza, los cuerpos hegemónicos, la discriminación racial y corporal. Cada producción intenta corrernos de la mirada aprendida y proponer otra, más amorosa y consciente.

La dirección de arte —con personas fundamentales como Santiago Verne, Eugenia Sánchez, Melina Fernández, Elio Lucero y Yohana Renna— es parte clave de este proceso, ya que permite construir imágenes que transmiten mensajes de igualdad, ternura y no discriminación desde la composición, la geometría y la puesta en escena.

¿Sentís que el desnudo, más allá de lo estético, se vuelve también un acto de liberación o de resistencia cultural?
Sí, totalmente. Cada performer que participa —ya son más de veinte— realiza un acto de liberación y de confianza. Liberarse de la vergüenza, del juicio constante y de la comparación física que atraviesa nuestra cultura.

Big Bang entiende el desnudo como un gesto de resistencia cultural: una forma de decir que los cuerpos no son pornográficos, sino humanos; no mercancía, sino territorio de afecto, identidad y memoria.

¿Cómo se construye una producción de Big Bang Project desde la idea inicial hasta la publicación final?
Cada producción se construye desde cero y nunca se repite. Partimos de una idea, una emoción o un concepto, y pensamos el escenario que la acompañe. Luego se realiza una convocatoria abierta a través de redes, se arma un grupo de trabajo y se genera el encuentro.

Una de las búsquedas centrales del proyecto es vincularse constantemente con diferentes artistas y creadores, para que Big Bang esté siempre en transformación y crecimiento. Cada persona que se suma deja una huella propia, y aunque el proyecto continúe mutando, quienes participan pasan a formar parte de Big Bang Project para siempre.

¿Hay una narrativa detrás de cada sesión o prima más la espontaneidad del momento?
Existe una intención narrativa inicial, pero nunca cerrada. La espontaneidad del momento es fundamental. Muchas de las imágenes más potentes surgen de lo no planificado, del encuentro real entre cuerpos, miradas y sensibilidades.

¿Cómo dialogan con la censura, los algoritmos y los límites que impone Instagram al cuerpo desnudo?
La censura está siempre presente, pero aprendimos a comprenderla y a dialogar con ella. Hoy sabemos cómo esquivarla sin perder la esencia del proyecto. Hay límites impuestos al cuerpo desnudo en el espacio público digital, y los aceptamos porque nuestras obras están pensadas para todo público.

La idea es que la desnudez se vuelva natural, humana, casi invisible, y que el mensaje sea lo que permanezca.

¿Qué tipo de devoluciones reciben del público y cuáles te marcaron especialmente?
Las devoluciones son profundamente emocionantes. Cada publicación recibe comentarios de personas de distintas ciudades y provincias, contando lo que sintieron al ver las imágenes. Muchas hablan de identificación, de emoción y de sentirse representadas.

También existen comentarios negativos o provocadores, y los valoramos. Big Bang es un proyecto filosófico, y sin debate no tendría sentido. Muchas veces se generan discusiones profundas dentro de los comentarios, y eso confirma que la obra sigue viva.

¿Te gustaría llevar estas producciones a otros formatos como exposiciones, libros o intervenciones urbanas?
Sí, es uno de los grandes objetivos. Queremos llevar las obras a exposiciones, a gigantografías, a libros y a espacios físicos donde el impacto sea directo. Ver las imágenes fuera de la pantalla es una necesidad que el proyecto ya pide.

También pensamos en la venta de obras como una forma de sostener producciones cada vez más ambiciosas, tanto en ideas como en escenografías.

Si tuvieras que resumir en una frase qué busca Big Bang Project, ¿cuál sería?
Big Bang Project es una explosión de cuerpos, ideas y sensibilidades que, desde el arte colectivo, busca recordarnos que somos únicos, imperfectos y profundamente bellos, y que en esa humanidad compartida hay amor, igualdad y revolución.