BANDAS TRIBUTO EN AUGE: EL REGRESO DE LAS CANCIONES CONOCIDAS
memoria, identidad y presente. Una escena que llegó para quedarse?
1/1/2026
Durante años la escena de rock/pop en Villa María se caracterizó por una búsqueda constante de identidad propia: bandas y solistas apostando principalmente a la composición de canciones originales, a la experimentación sonora y a la construcción de una voz local que supo ganar notoriedad a nivel nacional, entre tradiciones amplias del rock argentino y una singularidad marcada por lo propio. Ese rasgo fue y sigue siendo una marca distintiva de la ciudad.
Sin embargo, en los últimos años, en paralelo a la persistencia de proyectos autorales, comenzaron a emerger y luego a consolidarse bandas tributo dedicadas a homenajear a grupos y artistas fundamentales del rock nacional. Lejos de ser experiencias esporádicas o meramente nostálgicas, estas formaciones cuentan con músicos profesionales de gran nivel y que actualmente se encuentran construyendo un público fiel y numeroso que, en muchos casos, se convirtieron en las propuestas que mayor convocatoria generan en los escenarios locales.
La Fabulosa Orquesta, Sr. Kioskero, Fogón Set, Sucio Can, The Dust, son algunas de las más convocantes de la ciudad.
Esta escena llegó para quedarse?
Una primera lectura posible remite al contexto. En escenarios atravesados por la incertidumbre económica y la fragmentación de los consumos culturales, las bandas tributo ofrecen una experiencia de reconocimiento inmediato. El público sabe qué va a escuchar, puede anticipar las canciones, cantar en conjunto y activar una memoria afectiva compartida.
En ese sentido, los recitales tributo funcionan como espacios de encuentro intergeneracional: canciones que atravesaron distintas épocas vuelven a sonar en vivo y reúnen a públicos diversos bajo un mismo repertorio. La apuesta no está puesta en descubrir algo nuevo, sino en revivir algo que ya forma parte del imaginario colectivo.
Otro factor clave es el nivel de profesionalización que alcanzaron muchas de estas bandas. Ya no se trata solo de “tocar temas de otros”, sino de recrear estéticas, climas y sonoridades con un alto grado de detalle. Estas bandas en general están compuestas por músicos que además cuentan con sus proyectos aurorales propios en paralelo y que están familiarizados con el cuidado técnico, puesta en escena y estrategias de comunicación específicas que debe tener en cuenta para que los proyectos sean de calidad y se sostengan en el tiempo.
Beto Arce cantante de Sr. Kioskero, tributo a Pity Alvarez, nos comentó al respecto: “Nuestro objetivo siempre estuvo claro, tocar las canciones con el respeto y la seriedad que se merecen. Teníamos una necesidad artistica de volver a habitar ese repertorio en vivo”. Y además agregó: “El sello propio aparece inevitablemente en cómo se vive arriba del escenario, en la energía del show y en el compromiso con cada tema”.
Algo no menos importante a destacar, es que este crecimiento también dialoga con una escena local que cuenta con espacios, técnicos, productores y públicos habituados al consumo de música en vivo. En ese entramado, las bandas tributo encontraron un lugar fértil para desarrollarse y consolidarse.
Tal es así que el municipio de Villa María llevó a cabo un ciclo de recitales específicamente de bandas tributo, y no solo eso, sino que una de las bandas más convocantes de este tipo, La Fabulosa Orquesta, fue convocada para ser parte de la grilla de, nada más y nada menos, que el Festival Internacional de Peñas de 2026.
¿Se trata de un camino opuesto a la composición propia? ¿O de una estrategia distinta para habitar la escena musical?
Lejos de plantearlo como una contradicción, quizás sea más productivo entenderlo como una coexistencia. Mientras algunos proyectos priorizan la composición original, el riesgo estético y la construcción de una identidad propia, otros eligen el homenaje como forma de conexión con el público. Ambos recorridos hablan de una escena diversa y que, además, en la gran mayoría de los casos estos dos caminos son atravesados por los mismos protagonistas.
Memoria, identidad y presente
El auge de las bandas tributo también puede leerse como un gesto de reafirmación identitaria. Volver a las canciones del rock nacional es, de algún modo, volver a una narrativa cultural compartida, a letras y melodías que ayudaron a construir sentidos colectivos.
En tiempos donde las plataformas digitales fragmentan la escucha y multiplican las ofertas, el vivo vuelve a ocupar un lugar central como experiencia social. Y en ese vivo, las canciones conocidas funcionan como un lenguaje común.
En este sentido, Ignacio Standfield, cantante de Fogón Set, grupo tributo al rock nacional, nos contó: “Creo que hay varios factores que se dan para este auge, que no se da solo en la ciudad sino que se está danto en todos lados, y uno de esos es la nostalgia de un momento determinado, por ejemplo el fuerte de nuestro público son personas que vivieron su adolescencia escuchando discos de rock nacional, y evidentemente no se puede identificar con lo actual de la misma manera”. Y además agregó: “Por otro lado hay una crisis económica innegable que hace que la gente vaya a lo seguro y que hace que la gente que invierte en espectáculos en vivo busque eso ya que le tracciona público”.
Por último mencionó: “No considero a Fogón Set una banda tributo, lo que hacemos es un homenaje al rock, tocamos un repertorio variado siguiendo una linea artística y estética ligada a los 80′ y 90′ con un tinte personal”.
Villa María no dejó de producir música propia. Las bandas autorales siguen existiendo, componiendo y buscando su lugar. Este nuevo fenómeno puede leerse como un síntoma del tiempo que habitamos: la necesidad de encuentro, de memoria compartida y de certezas mínimas en un contexto cambiante.



