SENTIMENTOLOGÍA PARA AVANZADXS #2: LA DEBILIDAD DE LAS LENGUAS

Entrega número dos de nuestra nueva columna literaria por José Daniel Barbero. No te lo pierdas!

LA DEBILIDAD DE LAS LENGUAS.

El lenguaje del amor no existe: se construye.

 Ese hermoso juego lingüístico que surge en los grandes amores que dejarían perplejos a cualquier académico. Una especie de diccionario místico que inventan dos personas para celebrarse todos los días en cualquier pedacito de planeta, donde las miradas y los gestos rozan entre lo erótico y lo lúdico, entendiéndose entre hechos o sórdidos silencios que cualquier mortal común jamás descifraría ni por lógica o azar. Y puede subdividirse en lenguas individuales: Desde una sonrisa boba cuando puedo verte llegar y doblar la esquina, hasta voltearme para ver cómo te vas sin que lo sepas. O mirarte tiernamente los ojos o las manos mientras hablas y por dentro pensar que ese derroche de ternura te pertenece y a mí me hace temblar las piernas y el corazón (pero jamás lo sabrás o te lo diré) porque uno cuando empieza a enamorarse pierde completamente el juicio valorativo y racional, se apasiona con una vulgar locura que le hace pensar que esa persona hasta camina distinto, habla distinto, se peina distinto o mueve la boca o los ojos distinto al resto del mundo: “Distinto” en el lenguaje construido del amor es igual a “único e inigualable”. Es decir, lo que a mí me hace enloquecer: tu andar, tu mirar o simplemente que comas una manzana con un gesto que a mí me aloca, significa que veo en vos algo fascinante, algo que el resto no tiene ni me hace bailar los nervios. Todo lo que vos hagas para mí va a ser fantástico y hasta penosamente alucinante, como nunca antes visto o sentido, porque estoy enamorado. Y nunca dejaré que descubras que me nubla el juicio cada vez que te olvidas las «S» finales de las palabras al final de las oraciones o que me enloquece cada vez que cierras fuertes los ojos cuando están por tomarte una fotografía, por vergüenza o simplemente por no pecar de vanidad. Pero algún día dejaré que suceda. Y ya no estarás acá o estarás en Ámsterdam cumpliendo tu sueño de ser un dramaturgo activista y luchador de derechos invisivilizados, quién sabe. O yo el mío, de escribir lejos de acá con mi perra. Igualmente no hace falta que lo sepas porque con que tan sólo tú tengas tu propio lenguaje individual y notes todo eso en mí, sabrás que estoy perdidamente enamorado y que sos el único que puede hacerme gozar y reventar el cuerpo y el alma de placer… o arruinarme la vida. Porque en uno está saber las debilidades ajenas y usarlas con una precaución nuclear.

 Y con eso basta y sobra ¿no?

 

OLVIDÓPATA

 

 adj./s. m. y f.

 

  1. Persona que juega constantemente a olvidar como si fuese un juego de azar, con la esperanza y desesperación de alguna vez por todas ganar. El triunfo es celebrado momentánea e inconscientemente hasta que el sujeto vuelve a su estado natural de consciencia revelando así que debe seguir jugando, con el ánimo de querer lograr algo que le pertenece al tiempo.

 

 El juego cesará para la persona cuando esta descubra que no es un juego y el cansancio le revele que el olvido, realmente, no existe. 

El Olvidópata generalmente no puede/quiere parar de intentarlo pese a sus incontables fracasos, sintiendo que si logra ganar, entraría en un estado de paz mental y armonía que sería su premio.

 

Por: José Daniel Barbero.