MONÓLOGOS DE PERSONAJES SIN CUENTO: #7

"Poesía patética y sushi de ayer", la nueva entrega de Tebby Vargas.

“Poesía patética y sushi de ayer”

Entre tus labios de goma
Tus palabras de café
Y las cosas que pienso
Siempre encuentro la fantasía de creer
Que existen personas, con azúcar en la piel. Tan dulces como la miel y tan crudas como el sushi
De ayer.

Fui solo,
me senté en una mesa redonda,
con 6 fibrones.
Al frente mío… un televisor,
mostrando una bolilla, con números distintos, que cambiaban cada algunos segundos.
Una sensual voz,
que anunciaba la intriga
de saber si tenía bajo mis ojos, la cifra que necesitaba…
y mucha gente atenta
a números,
en cartones,
sobre una mesa de vidrio…
Confíe en mi instinto,
y terminé perdiendo el poco dinero que tenía.
Igual me fui contento,
porque me sonrió una muchacha, que observé sin querer y me estaba mirando…

Un mozo me pidió que me quite la gorra, y le dije que me estaba yendo.
El exclamó que “era una lástima” , que podía ganar el próximo cartón…
Le guiñé el ojo y me fui.

Salí, Tomé mi pañuelo, lo ate a mi cuello, me puse mis auriculares y partí….
Camine unas cuadras por la avenida,
y en una esquina, un señor, de chaqueta negra, con sus hombros arriba (como cuando un niño dice “que me importa”),
se movía, duro por el frío
y con los brazos al compás de sus cortos pasos,
se acerco a una camioneta de color negra.
Mojada por el rocío…
En el momento pensé que era algo normal.
Hasta que vi, que decidió entrar por el baúl.
Creí que era un ladrón y casi llamo a la policía.
Sólo que desapareció en un abrir y cerrar de ojos.
Cuando levante la mirada del teléfono ya no estaba.
Sin siquiera encender el vehículo,
ni dejar rastros,
desapareció dejando una intriga que no iba a sacármela nadie.
Quedé paralizado, con los ojos bien abiertos y el celular en mi mano que tiritaba de frío y miedo…
Se fue, se esfumó, desapareció todo el conjunto.
La chata, el señor, sus movimientos… hasta el frío se transformó en calor.

Y ahora, amo cada baldosa que piso.
Hice algunos metros y del miedo abrace un árbol.
Sentí la savia que corría dentro de él.
¡Y amé todo!
Tan solo para ya no temer.

¿A caso seré yo el que está loco?
¿Qué será lo que al señor le pasó?
sólo iba caminando por la calle y el frío endureció mis dedos…

El bingo que gané, fue solo una simpática sonrisa.
Y el señor que desapareció…
Fue el amor que murió.
Ese que tuve que revivir
en cada instante
que recordé
Tu risa.

Por Tebby Vargas.