MONÓLOGOS DE PERSONAJES SIN CUENTO: #5

Nuevo lunes, nueva columna de Tebby Vargas. Entrega número 5: Sonrisas ocultas.

Sonrisas ocultas

Cuatro frascos de café, siete cajas de leche, treinta y tres paquetes de cigarrillos, quince salames y diez kilos de pan…
Si no me acuerdo mal, no me falta nada…

Hola, me llamo Alfredo Brown. Disculpen que no me presente antes, estaba anotando la lista de cosas que tengo que comprar para no salir de casa por un mes… Odio la calle. Y vivo con poco.
Si! Ya se que esta mal odiar, y llevar el seño fruncido todo el día, lo único que logra es generar problemas que no existen, creando una úlcera en el estómago que produciría una enfermedad.
Pero bueno, por eso me quedo en mi casa encerrado. Para no odiar, para no odiar a nadie, y poder al menos sonreír.
Cuando era más joven, vivía enojado con la vida…
Me enojaba con las cosas
Con la gente
Con los animales
Y hasta con los libros.
No soportaba nada. La impertinencia formaba parte de mis días enteros… Y no porque yo quisiera, si no, por que así era.
Nací así.
Soy así.
De pequeño recuerdo haber tenido ataques de nervios. Donde me quedaba quieto apretando mi mandíbula y mi cuerpo comenzaba a temblar así como frunciendo todos los músculos.
Y mi mamá venía y me acariciaba como a un perro.
A mi viejo, no lo conocí nunca, de hecho creo que no se nada de él… Soy único hijo. Mi madre falleció antes de ayer y no tengo familiares que conozca.
Por lo cual, nunca nadie me contó nada de mi papá.
Intento imaginármelo, pero no. Cada vez que pienso en eso me enojo, y odio, odio todo, y me encierro en mi habitación a temblar de nervios.
Nunca fui a un psicólogo ni hice tratamiento.
Hace años que no sonrío
No puedo, no quiero, no deseo, no me nace, estoy mal.
Pero recuerdo los buenos momentos que tuve junto a mi única mascota, «chichu» una tortuga de agua que tuve, y nada… Creo que entiendo por qué me gusta encerrarme.
Estoy gordo, triste y no puedo sonreír.

Pero a veces.

A veces sonreír cuesta tanto…
A veces las sonrisas son tan falsas.
A veces miramos a alguien y es imposible no sonreír.
A veces aguantamos una sonrisa para no quedar mal.
A veces las sonrisas dicen más que cualquier palabra que puedas usar.
A veces una sonrisa genera más sonrisas.
Y muchas veces reímos para no llorar.

Pero siempre una sonrisa va a llenarte, cuando el vacío parezca eternidad.

Por: Tebby Vargas.