JUANA MOLINA: «ES IMPORTANTE CONFIAR EN LO QUE UNO HACE»

Hablamos con la artista antes de su tremendo show en el Congreso de Música Popular. Cobertura y fotos.

Juana Molina pasó por Villa María invitada por el 7° Congreso Latinoamericano de Formación Académica en Música Popular de la Universidad Nacional de Villa María y su show quedará marcado para siempre como uno de los mejores espectáculos que hayan pasado por el auditorio de la UNVM, y sin dudas el mejor hasta el momento.

No es sólo música, Juana ofrece una experiencia que va más allá de las canciones, es un todo donde la música es un medio para transmitir sentimiento y emociones tan internas como potentes y donde lo visual juega un papel fundamental para que todo encaje de manera perfecta y para direccionar los rayos sonoros hacia el pecho del espectador.

Quedó más que claro que estuvimos frente a un espectáculo de nivel internacional, en un Auditorio casi cubierto en su totalidad, donde la sensación era la de estar en presencia de algo realmente único, sincero y arrollador, con una fuerza y efectividad para hacerte vibrar que acelera el pulso e inconscientemente nos hizo agarrar muy fuerte de la butaca. Algo parecido a los viajes a la velocidad de la luz de películas de ciencia ficción como Stars Wars, donde las estrellas pasan como líneas luminosas continuas y donde se puede percibir nitidamente la adrenalina de los pasajeros. Bueno, anoche gracias a Juana, fuimos esos pasajeros y la adrenalina fue real.

Previo al show, tuvimos la posibilidad de hablar con la artista y esto nos decía.

Dado el contexto académico universitario en el que nos encontramos, y tu música intuitiva y experimental, ¿Qué importancia tiene en tu forma de componer, lo académico?
Cero, porque yo no sé nada de armonía, todo es de oído. Yo estudié mucho guitarra desde todo tipo de métodos, estudié clásico y nunca me hallé en el aprendizaje de la armonía, porque creo que o no di con el profesor o no me da la cabeza, la verdad no sé bien cuál de las dos opciones es. Es un mundo fascinante, pero también me pasó que cuando recién empezaba a tocar había hecho una canción que estaba en Re Mayor, y yo había compuesto una línea de bajo que estaba en Fa Natural, y el bajista se negó a tocarlo. Yo le decía ‘pero suena bien, hay más de una octava de diferencia con los acordes de la guitarra’, pero al final nunca lo hicimos al tema porque no le gustaba al bajista, que en ese momento era muy joven y super re contra académico.

Después también me pasa que yo saco algunos instrumentos de los miles de tracks que grabo y hay unos flashes de notas que quizás solas son una porquería pero en conjunto da como una cosa medio peluda, armónicamente, y suena bien.

¿Cómo sabés cuando un tema está listo y terminado?
Cuando ya no se me ocurre más cosas que poner. A veces me freno, por ejemplo cuando hice Tres Cosas, el segundo disco que hice sola, me costó mucho porque tenía ya la presión de que me había ido bien con Segundo, porque pensaba «si hago un disco igual van a decir ah pero es igual a Segundo y si hago uno distinto van a decir ay nada que ver con Segundo». Entonces decía «¡qué hago!», y no lo hice con la misma libertad que Segundo, lo hice con cosas que ya me condicionaban, y aunque después en el momento de componer o preparar una canción no aparezcan, están ahí, a partir de ese disco (Segundo) ya no fue lo mismo hacer los demás. Creo que en Segundo está todo lo que hice después.

¿Sentís que marcaste a músicos que quizás antes no se animaban mucho a la experimentación?
Siento que hay muy poca autocrítica en la música en la actualidad,  de lo que escucho por lo menos, porque me llegan muchas cosas. Un poco de autocrítica hay que tener, no hay que ser tan severo y creo que hay que confiar mucho en lo que uno hace si sentís que eso vale, y lo que no hay que hacer es lo que yo hacía que era pensar si le iba a gustar a los demás o no. Por eso las canciones de Rara eran canciones todas lineales y que yo les inserté parte B, parte C, porque me parecía que era todo muy recto entonces decía «no, acá necesitamos un puente y acá necesitamos un estribillo».

Pero descubrí que mi necesidad de continuidad ocultamente prevaleció porque cuando vas al estribillo hay por lo menos una nota que queda, no cambian todas, hay alguna nota importante que queda ahí metida, como si fueran hilos que van apaciguando el cambio tan brusco que es ese golpe modular a algo que nada que ver. Y después en la salida del estribillo lo mismo.

¿Cómo te tratan en otros países, como Estados Unidos y Japón?
A mí me dio mucha alegría cuando fui por primera vez a Japón, que mi disco se había vendido muchísimo, y entré a Tower Records cuando las disqueras eran otra cosa, digo la gente iba a comprar discos, entro en un edificio de nueve pisos y en la puerta estaba colgado gigante la tapa de Segundo. Yo no sabía que me iba a encontrar con eso y casi me muero.

Y después me pasó de ver que me habían ubicado en nueve secciones diferentes y me pareció buenísimo, estaba en Rock, en Electrónica, en Avangard, en Experimental, en Word Music y en Latin (risas) junto a Ricky Martin. Me parece de un prejuicio tan grande que te ubiquen en ‘Latin’, sólo porque cantas en castellano, pero ahí los perdoné porque estaba en esa sección también, no únicamente.

¿Y los medios de otros países como te tratan?
Los medios me tratan bien, aunque en las críticas de mis canciones siempre avisan que me bajan un puntito porque no entienden las letras. Entonces en vez de ponerme cuatro estrellas, me ponían tres y media, pero lo aclaraban por lo menos «como no entiendo la letra le voy a bajar un puntito». Terrible.

Entonces para este último disco «Halo», a la gacetilla la hicimos con una amiga inglesa y tradujimos todas las letras. Cuando convenía hice «la gran Borges», salvando las distancias, que es cuando en inglés algo de lo que uno escribió no queda bien, cambiarlo por otra cosa, escribir otra cosa distinta, pero que quedara bien, y me ayudó muchísimo eso. Es el que mejor críticas tiene este disco, yo creo que es por eso.

¿Qué pensás sobre la técnica y la super producción de la música en la actualidad?
Yo estoy en contra de la técnica, en cuanto a la producción de la calidad musical, creo que es el gran «engaña pichanga» de los últimos tiempos. Por su puesto que si sos Radiohead que tiene unos temazos, con unos arreglos increíbles, y además suenan como la puta madre bueno, todo bien. Pero está lleno de cosas horribles, vacías, que no tienen ningún interés artístico pero suenan bárbaro y te engañan, y te creés que está bueno. Pero lo que te dice que no está bueno es que después no lo volvés a escuchar, es como un impacto, y como la música hoy se escucha de a uno, o a fuerza de escucharla y escucharla funciona, re contra funciona.

Yo creo que la producción mata lo que en definitiva es lo más importante, para mí.

¿Qué les dirías a los jóvenes que hoy hacen música y no se animan animan a mostrarlas?
Lo que pasa es que yo no soy el ejemplo porque yo no podía compartir, es más, durante muchos años no podía ni cantar, cantaba y me temblaban las manos, los dedos, puteaba a la gente sin putearla. Yo me hice a los ponchazos, además tenía el «bagaje», odio esa palabra, de ser una estrella de la tele que me jugó en contra, la prensa no me perdonó nunca dejar ese lugar para hacer otra cosa.